martes 14 de julio de 2009

Es buen momento para un proyecto de izquierda


Rubén Andino
Durante los últimos 20 años la política chilena ha venido perdiendo peso, credibilidad, calidad y ello se expresa dramáticamente en que menos de la mitad de los chilenos y chilenas en edad de votar participan en las elecciones. En plena crisis Argentina, los piqueteros acuñaron en las calles de Buenos Aires la consigna “que se vayan todos”, refiriéndose a todos los políticos, desde la izquierda a la derecha.

Eso es lo que está comenzando a suceder en Chile.
 
El pacto no escrito suscrito en 1989 entre la derecha y la Concertación para instaurar una democracia incompleta, en virtud de la que se repartieron por mitades el Congreso Nacional para garantizar una transición pactada, hace agua.  La Concertación inició sus gobiernos con la legitimidad de haber encabezado la restauración de la democracia y sus administraciones han tenido el apoyo mayoritario de la ciudadanía. Sin embargo, esta sucesión de gobiernos, que ha realizado importantes transformaciones en el plano de los beneficios sociales y las obras de infraestructura; ha mantenido incólumes los pilares del sistema económico y político heredado de la dictadura.
 
La derecha aprovechó el pacto para lavar su imagen, distanciándose del régimen militar y sus atrocidades contra los derechos humanos, el descarado robo de las empresas del Estado por parte de los Chicago Boys y el fortalecimiento de una oligarquía financiera que maneja los hilos del poder Económico. Sebastián Piñera simboliza esa nueva cara derechista y es además expresión viviente de los grandes beneficios obtenidos por algunos vivos sobre la base de la más brutal desigualdad económica que ha conocido el país.
 
El pacto tuvo expresión en el sistema de medios de comunicación con sucesos como la desaparición de los dos diarios que sostuvieron la lucha contra la dictadura (Fortín Mapocho y La Época) y el cuoteo en la administración Concertación - derecha para Televisión Nacional de Chile. En esta transición pactada que sobrevive todavía, a pesar estár llena de grietas y de hacer agua por todas sus instituciones.
 
En 2004, Bachelet irrumpió este proceso de descomposición, con su trato directo y simpatía personal, dando un giro radical al paternalismo laguista. El implante de políticas de protección social sobre el inhumano modelo neoliberal vino a dar una suavidad maternal a este modelo infame. La gente le cree a la Presidenta y hasta sus más enconados oponentes lo piensan mucho antes de meterse con ella.
 
Pero, más allá de la buena imagen de Bachelet, el cansancio de los electores con los estilos de  la política tradicional persiste. Ésta se ha vuelto monótona, previsible, conformista, adocenada, reverente, clasista, mentirosa, banal y esta realidad es consecuencia de un sistema político que no responde a las necesidades y valores de una sociedad chilena que ha vivido cambios trascendentales en los últimos 20 años.
 
Con desesperación los ciudadanos y ciudadanas buscan alternativas nuevas para depositar su confianza y se aferran de manera casi religiosa a la búsqueda de algo o alguien en quien creer. Hoy existe el espacio para montar cualquier espectáculo pirotécnico y los hados son propicios para estrellas fugaces que alcancen gran brillo, para extinguirse luego; pero también hay lugar para instalar opciones serias, creíbles y permanentes, que den respuesta a los anhelos de un pueblo desencantados.
 
Con un discurso desprovisto de las clásicas referencia a la izquierda y la derecha, Marco Enríquez – Ominami está representando a una heterogénea masa de personas disgustadas con el actual orden de cosas; sin que su disgusto llegue a convertirse en un rechazo al claro al modelo imperante. Marco es tolerado en la medida en que no significa una amenaza real para el sistema.
 
En Chile las clases dominantes han optado por la dictadura de los medios de comunicación, la propaganda política y la guerra psicológica para someter a la población a un estado de resignación, obligado a los ciudadanos a pronunciarse a la larga por el “mal menor”. La televisión se ha cuadrado con el binominalismo excluyente. Un monitoreo de la consultora privada Conecta Media Research, realizado en mayo de 2009 a los noticieros televisivos centrales y de mediodía,reveló que Sebastián Piñera fue el que más cobertura tuvo (30%), seguido por Eduardo Frei (28%) y Marco Enríquez-Ominami (22%). Muy lejos quedaron Adolfo Zaldívar (9%), Alejandro Navarro (6%) y Jorge Arrate (5%). El reparto del tiempo se hizo según al grado de funcionalidad de cada candidato al statu quo.
 
La izquierda dividida en un archipiélago de pequeñas agrupaciones, ha sido capaz de ofrecer una alternativa atractiva, creíble y eficiente de cambio del modelo. Su discurso y acción ha sido de resistencia, de preservación de los valores tradicionales, de lucha recuperar los derechos de los trabajadores, especialmente aquellos organizados en el mundo sindical; pero ha tenido grandes debilidades para representar propuestas políticas novedosas, que aborden los nuevos temas, como los derivados del deterioro del medioambiente, los cambios de la vida cotidiana en la sociedad chilena contemporánea, los derechos de los trabajadores y trabajadoras generados por la modernización del sistema productivo.
 
Estas propuestas no interpretan las visiones, aspiraciones e intereses de los nuevos trabajadores y trabajadoras con horarios flexibles, a trato, por temporadas o  independientes, ni logran el respaldo de una heterogénea clase media, que fluctúa entre la bonanza económica de los periodos de auge y la pobreza en los momentos de crisis. Tampoco están en el imaginario de la izquierda los microempresarios, que no son más que trabajadores independientes esquilmados por la maquinaria capitalista; los pequeños empresarios que viven endeudados y carentes de crédito; los jubilados y montepiadas que sobreviven con pensiones miserables o los jóvenes que vegetan sin claros horizontes laborales o de vida.
 
Es posible imaginar algo distinto si somos capaces de mirar con mayor apertura un proyecto unitario, audaz y realizable; con uno o más liderazgos que encarnen ese compromiso con capacidad política y, especialmente, generosidad y entrega; para deponer visiones personales en favor del interés colectivo. Si la izquierda lograra unificarse al menos representaría en Chile un 25 por ciento del voto popular y esa adhesión crecería por el solo efecto de la unidad. Abramos el diálogo y empecemos a conversar.

domingo 5 de julio de 2009

Este no es país para viejos ... pero puede serlo


Rubén Andino

Está de moda un cierto culto a lo joven. Al parecer los años vienen a ser un estigma que se expresa en la práctica en desprecio, abandono y olvido. Nuestra cultura premia el éxito, la belleza, el dinero y la lozanía.

Este culto tiene raíces profundas. Ya los conquistadores españoles hicieron de la búsqueda de la fuente de la eterna juventud el incentivo para su incansable ambición, dejando en su compulsiva búsqueda el dolor, la muerte y la destrucción de la cultura de los pueblos originarios de América.

Por fortuna, todavía no han encontrado el elixir. Imagínense como estaría de atochado el mundo.

Los viejos están más expuestos que los jóvenes a los problemas de salud, son más lentos en sus desplazamientos, están dificultades para ganarse el pan; y, cuando tienen suerte, reciben pensiones o montepíos que apenas le alcanzan para medio vestirse y comer.

Curioso que en una empresa un mueble o una máquina puedan ser “activos” y en la sociedad un adulto mayor se convierte en un “pasivo”. Los “pasivos” son bienes depreciados que terminan engrosando los desechos. ¿Será lo mismo con los viejos?

Son un grupo social silenciadoy excluido. Están sometidos al olvido, a falta de esperanza y la pobreza, a pesar de que ellos han contribuido a edificar las bases sobre las que se sustenta lo que somos y poseemos como país.

El irlandés, James Joyce, describió un fantasma como “...un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.” Según esta definición nuestros adultos mayores son fantasmas.

Aquellos que superan los 60 ya suman cerca del 25 % de la población y en su mayoría engrosan el “sector pasivo”. En el voto, la edad no cuenta y puede definir una elección.

miércoles 1 de julio de 2009

La televisión chilena no quiso meterse en Honduras


Rubén Andino

A las ocho de la mañana del lluvioso día domingo 28 de junio me enteré por el canal venezolano Telesur del golpe de estado perpetrado en Honduras contra el presidente constitucional Manuel Celaya. Hice zapping y comprobé que prácticamente todas las emisoras de la televisión continental, incluyendo por cierto CNN, transmitían en directo los dramáticos sucesos ocurridos en este país centroamericano.

Recorrí los canales chilenos de señal abierta, tratando de conocer la posición de nuestro gobierno y pude comprobar que para éstos el golpe de Honduras no existía. Estuve “pegado” a la pantalla hasta las dos de la tarde y puedo afirmar sin temor a ser desmentido que entre las 8 y las 14 horas del domingo no hubo menciones en los canales chilenos a este atentado a la democracia que nos recuerda imágenes dolorosas de nuestra propia historia.

La televisión que tenemos en Chile es excluyente, discriminatoria, prejuiciosa, indolente, clasista, derechista, sectaria, adormecedora de las conciencias; pero responde fielmente a las necesidades e intereses que dominan la escena política, las finanzas y el Estado.

Para muchas personas, ya resignadas a lo que hay, esta situación puede parecer ”normal”; aunque constituyen un atentado a la democracia y al derecho humano fundamental a la información. En aras de la paz social, el miedo al conflicto y el temor a recuperar la memoria histórica, nuestro pueblo está manipulado por la mano negra de quienes moldean, masajean y domestican su capacidad crítica, a partir de programas de televisión intrascendentes, que buscan esconder los problemas derivados de la vida cotidiana y del frágil equilibrio que sostiene a esta democracia a medias.

La primera información sobre la posición del gobierno de Chile la entregó esa mañana el presidente de Venezuela, Hugo Chávez; quien dijo que la presidenta Michelle Bachelet convocaría a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que ella preside, para enfrentar el golpe en Honduras. La posición condenatoria de nuestro gobierno se conoció recién el domingo en la tarde.

Afortunadamente Chile condenó el golpe y reconoció la legitimidad del presidente Zelaya. La decisión gubernamental fue distinta esta vez de la vergonzosa posición adoptada en 2002 por el gobierno de Ricardo Lagos, a través de su ministra de Relaciones Exteriores Soledad Alvear, que durante el fallido golpe de Estado al presidente Chávez de Venezuela. El nuestro fue uno de los tres países de la Tierra saludaron inicialmente ese atentado a la democracia continental.

Por primera vez en la historia de es país, el gobierno de Zelaya –un liberal de derecha- asumió seriamente la posibilidad de resolver los gravísimos problemas sociales, mejorando las instituciones democráticas y la integración con los países vecinos. Ese pecado social no lo perdonaron los oligarcas, tal como en Chile no perdonaron las transformaciones sociales emprendidas por el Presidente Salvador Allende.

Bastó la convocatoria a un inocuo plebiscito, no vinculante, para que los poderes oligárquicos: Congreso, Corte Suprema, empresarios bananeros y grandes consorcios norteamericanos, dieran un golpe militar.

Honduras está atrasado en materia de control oligárquico de crisis.

El Chile actual ha inventado fórmulas más sofisticadas de control. Aquí hemos optado por la dictadura/democracia de los medios de comunicación, la manipulación de encuestas, el endeudamiento masivo de la población y el miedo a la pérdida del trabajo para mantener la paz social y el control del descontento popular.

miércoles 24 de junio de 2009

La economía chilena está “blindada” con lata


Rubén Andino

La Derecha y la Concertación presentaron a Chile durante largo tiempo como un país pujante, con un crecimiento económico sostenido y como una excepción en el concierto de Sudamérica. Llegaron a decir que éramos un buen vecino en un mal barrio. Recientemente, el Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, nos trató de convencer de que la economía chilena estaba “blindada” ante la crisis recesiva.

Sabíamos que no era cierto, Chile es un país de economía abierta, altamente dependiente de los vaivenes del concierto globalizado. Nuestros productos, mayoritariamente materias primas; están expuestos directamente a la disminución de la demanda, ello sin considerar que somos altamente dependientes de recursos energéticos escasos y caros, como el petróleo.

El gran mérito del gobierno ha sido el ahorro de los excedentes de Codelco –y recalco, Codelco- la empresa estatal del cobre que representa apenas el 30 por ciento de la producción del metal rojo en Chile. El restante 60 por ciento está en manos de transnacionales privadas, cuyos beneficios llegan al bolsillo sus propietarios en Chile o en algún mullido sillón neoyorquino.

¡Que escándalo!

Nosotros también somos optimistas, pero en otro sentido. Pensamos que en Chile tenemos grandes valores humanos en los millones de mujeres que son jefas de hogar, jóvenes que estudian sobreponiéndose a grandes dificultades, profesionales de clase media que viven endeudados y hacen milagros para mantener su status costa de su salud física y mental; trabajadores temporales del campo que laboran seis meses para medio sobrevivir otros seis meses “azules”, llenos de deudas que deben pagar en la próxima temporada.

En fin, son muchos los verdaderos “emprendedores” que construyen este Chile del que se benefician otros; los que hoy apuestan por partida doble al candidato de la derecha, Sebastián Piñera, o al abanderado de la Concertación, Eduardo Frei. Ellos siempre quieren ganar.

Nosotros apelamos a los cesantes que salen a buscar trabajo; a quienes, de paso, recomendamos no escuchar a la Ministra del Trabajo, que los invitó a no presionar al mercado laboral. Creemos en las mujeres dueñas de casa, que paran la olla con esfuerzo a través del milagro diario de multiplicar los panes; en las cajeras de los grandes establecimientos comerciales que deben usar pañales para ahorrar a sus patrones el tiempo que “pierden” realizando sus necesidades biológicas en el excusado. Nos apoyamos en los trabajadores que reciben mensualmente un sueldo miserable y aquellos por cuenta propia, que aparecen en las estadísticas como “microempresarios”. También en los pequeños (as) empresarios (as), que constituyen la principal fuente de trabajo en el país y que, sin embargo, no pueden acceder a un crédito bancario porque “no son confiables”.

Necesitamos que los ministros de Hacienda, Economía y Trabajo, expliquen las razones por las qué no han dado a conocer los resultados de la actualización de la Encuesta Nacional de Empleo, que permitiría contar con una medición más exacta del nivel de cesantía existente en el país. Necesitamos que el Ministerio de Hacienda y el INE nos digan por qué este instrumento se ha demorado tanto y emplazamos al ministro Velasco sincerar los datos, porque es él quien toma las decisiones claves en materia laboral y las impone a su colega del trabajo

Estamos preocupados por el aumento de la desocupación, que supera las 700 mil personas, cifra que representa un incremento del desempleo del orden del 30 por ciento en el último año. Hablamos de más de 700 mil familias. Como paliativo, proponemos eliminar los requisitos para acceder al seguro de cesantía y aumentar, como mínimo, en 1.200 millones de dólares el subsidio estatal para el fondo solidario respectivo.

Nuestra preocupación es aún mayor cuando conocemos antecedentes que indican que la cifra real de desempleo entregada por las autoridades de Gobierno, de un 9,8%, es significativamente superior si se mide a través de una medición técnicamente más refinada.

Esto lo han dicho personas expertas en falsear datos, personeros de derecha que fueron los mismos que modificaron durante el régimen militar, en 1986, la encuesta de empleo que se hacía desde el año 71, para que la cesantía apareciera más baja. De modo que cuando ellos critican la actual encuesta en democracia, saben de qué hablan; porque es el instrumento de medición que ellos mismos elaboraron mañosamente en dictadura.

El “blindaje” de la economía chilena es de lata y las cifras de desempleo son “charcha”, pero nuestro pueblo vale oro y apelamos a su conciencia crítica y capacidad para separar la paja del trigo, la verdad de la mentira y la demagogia de propuestas serias, confiables y efectivas.

jueves 28 de mayo de 2009

Palabras de Larraín revelan la procacidad de la derecha


Rubén Andino

Las declaraciones del Presidente de Renovación Nacional, Carlos
Larraín, sobre los dichos de la Presidenta de Michelle Bachelet, durante su visita a la casa Museo de Ana Frank en Ámsterdam, Holanda, constituyen una manifestación de la naturaleza profundamente antidemocrática de la derecha chilena.

Algunos de los dichos de Larraín revelan su insensibilidad: “Ana Frank era una niña y fue perseguida solo por haber nacido judía, tremendo pecado. Michelle Bachelet era mayor de edad y ya manifestaba opciones políticas antes de 1974. Su prisión fue abusiva, pero sobrevivió y prosperó”.

Así como Holanda durante la Segunda Guerra Mundial, Chile vivió durante la dictadura militar (1973-1990) una masiva y brutal violación de los derechos humanos, que terminó con millones de víctimas de detenciones arbitrarias, tortura, exilio, desaparición, ejecuciones de personas. De una manera lenta, aunque sostenida, los chilenos y chilenas hemos tomado conocimiento de estos hechos, constitutivo de delitos contra la Humanidad, por lo tanto imprescriptibles.

La presidenta Bachelet y su familia vivieron en carne propia estos abusos. Ella fue detenida y sometida a tratos degradantes por agentes encubiertos del Estado, que culminaron en un exilio forzado que duró más de una década. Es obvio que no pedió la vida, pero debió lamentar el crimen de su propio padre, el general de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, Ministro del Presidente Salvador Allende, quien perdió la vida como consecuencia de crueles tormentos prodigados por quienes fueran sus camaradas de armas en la Fach.

Aunque ella no se comparó con Ana Frank, tiene motivos más que sobrados para establecer nexos evidentes entre el régimen nazi y la dictadura fascista que sometió a nuestro país a las peores atrocidades que conoce nuestra historia reciente. Es bueno que la Humanidad Civilizada conozca la miseria que se esconde tras la fechada del “cambio” que nos ofrece la derecha. Es el cambio de los sepulcros blanqueados de los que habla Jesús en el Evangelio. Limpios por fuera y podridos por dentro.

Además de constituir una grosería contra la mandataria, las palabras de este personero son un insulto a toda la sociedad chilena y especialmente a aquellos que vieron conculcados sus derechos más elementales durante el régimen militar.

Las palabras de Larraín, llenas de rencor y pequeñez, siembran en nuestra conciencia serias dudas acerca de los que chilenos y chilenas pudieran esperar de un gobierno de la derecha encabezado por Sebastián Piñera, quien milita en la misma agrupación política de Larraín.

Lo único que podemos rescatar de los dichos del presidente de RN es su sinceridad…